
En la huerta de Mercedes,
que da su olor desde lejos,
lo que su dueña más quiere
y mima es la “malva fina”.
No la ves sino abajándote,
es persona escabullida,
¡para qué se ha de mostrar
si a tres pasos se adivina,
y la brisa más delgada
su nombre susurra y mima
y su aliento dice y dice
«malva fina», «malva fina»!
—Ya, ya, pero si la cojo,
también tú por ella gritas.
—Tómala, pero en poquito.
A ella la hicieron esquiva
y cuando la manosean,
se duele como una niña.
—¡Un solo gajito, uno!
—¡Cómo huele la bendita!
Gabriela Mistral
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